
Síntomas y causa son preguntas distintas
Diagnosticar un trastorno y atribuirlo a unos hechos son operaciones diferentes. Pueden apoyarse mutuamente, pero ninguna sustituye a la otra.
El análisis causal necesita reconstruir el funcionamiento previo, los cambios posteriores, la cronología, la dosis de exposición, los factores concurrentes y la evolución. También necesita reconocer lo que la información disponible no permite excluir.
Lo que pesa además de la cronología
Una explicación gana fuerza cuando sobrevive a sus alternativas.
Qué observamos o documentamos.
Cuándo, dónde y bajo qué condiciones.
Qué explicaciones compiten entre sí.
Qué no permite afirmar todavía la evidencia disponible.
En términos forenses, la buena conclusión no es la más rotunda. Es la que especifica el grado de apoyo, muestra el recorrido inferencial y explica qué hallazgos cambiarían la interpretación.
Temporalidad no equivale a causalidad. Que los síntomas aparezcan después de un acontecimiento es relevante, pero deben compararse latencias esperables, exposiciones posteriores, estresores concurrentes y explicaciones rivales.
Cuando faltan datos previos
El funcionamiento aporta información que una etiqueta diagnóstica no contiene. Conviene describir tareas concretas afectadas, frecuencia, intensidad, variabilidad, apoyos disponibles y discrepancias entre contextos.
Cuando faltan datos previos, la conclusión debe degradar su fuerza. Reconocer incertidumbre no debilita el informe: evita que una ausencia documental se convierta silenciosamente en una certeza causal.
Fuentes y límites de esta lectura +
Las escenas cotidianas son ejemplos educativos. Las investigaciones de base no estudian a quien lee esta página ni demuestran la explicación de un caso individual.
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